Intenté rechazar la parálisis,
(que me producía el abrazo
de mis demonios interiores:
Yo no les tengo fe,
ellos a mí, sí.)
con mutismo y devoción.
Fracasé. Y escuché:
"No mientras exista el miedo"
No fue en vano,
sentí vértigo,
pero sentí.
Viví
(aún cuando me faltaba el aire).
No hay comentarios:
Publicar un comentario