martes, 17 de abril de 2012

¡NOCHE!


Tomé esta foto el Sábado 14 de Abril, frente a mi casa. Me obsesionan las calles vacías y la noche, y me encontré con esto, ¡qué suerte! :)

lunes, 16 de abril de 2012

La dinámica del desasosiego



No sé calcular el tiempo, ni el número de miradas que concentré en ella; hubiera sido inútil de todas formas, inútil como fotografiar el tiempo. Todo había sido como una lenta caída de hojas durante el otoño; después sólo quietud e inmovilidad; finalmente, muerte y olvido. En el fondo, la calidez que me brindaba cada vez que la miraba me decía que ya había pasado por esto; algún momento, en alguna vida, que atesoraba con desbocado frenesí. La extrañeza que se renovaba cada día al mirar el cuadro me condenaba a la inmortalidad, a morir en lo incierto, en lo intangible. Me exilió de la vida, de mí cuerpo. 

martes, 10 de abril de 2012

GIRO- GIMIÓ

Nota melosa que giro el violín:





Frase de Andrés Caicedo resaltada en la exposición del Banco de la República en su homenaje: "Andrés Caicedo: morir y dejar obra". Bogotá D.C.
La Fotografía es mía.

Veneno la confusión, veneno yo



Imagen por Liners.

Algunos días me levanto sin voluntad de creer y siento que me inmortalizo en la quietud y el cinismo. Estoy ciega, me siento ciega. Me invento rituales para sacudir la inmundicia de la monotonía, la realidad; no mi realidad, ésa la dejo quietecita. Luego me miro (de otro modo que en un espejo) a través de otras mil caras y repito en voz baja lo que no creo en la cotidianidad y sí en el resquicio de alguna voluntad incierta.

Lo inútil y lo complejo se amotina en una histeria desbocada que se encarcela en monosílabos y miradas a la nada. Ya no creo en la movilidad, en “huir”: ¿para qué? Uno termina exhausto y el contexto intacto; es una burla. Los abismos están saturados de lo común y burdo, lo convencional. El mundo es para bizarros, al fin y al cabo.

Las verdades, los hechos, las palabras que son enteramente razonables me llevan a contradicciones; y me abandono ahí, en lo incierto.

domingo, 8 de abril de 2012

CAPÍTULO 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.




Julio Cortázar, Rayuela.

viernes, 6 de abril de 2012

Inauguración



A pesar de ser una tarde llena de desilusiones (por el clima, por la ubicación y por la pobreza de formas, colores, y extravagancias) fue una tarde muy provechosa; divertida no mucho: el frío se nos calaba en los huesos. Al final de la caravana se escuchaba: "¿Ya? ¿Se acabó?". Yo esperaba más. Claro, el clima no fue cómplice del evento. Al final, sólo comentarios al viento, siempre sonrientes.