que me levantas
la falda
del olvido
aunque este
otoño caprichoso
nos traiga
cenizas de frío.
A ti,
que me muerdes
los pechos
del recuerdo
aunque a veces
este húmeda
de hastío.
A ti,
que me llenas
las sábanas
de sudor y
de nostalgia,
de saliva y
y de gemidos,
aunque a veces
las lave
con olvido.
Y a ti,
que me desordenas
la pasión
y
(que complicado final
tan sencillo)
que tu sonrisa
me enloquece.
Yolanda Saenz de Tejada.

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